En España el turismo ha producido una enorme actividad urbanizadora y constructora, que ha transformado, en especial, de forma dramática, las características originales de su litoral, donde se ha concentrado la mayor parte de los once millones y medio de plazas en oferta (en 1987), de ellas, aproximadamente nueve millones correspondientes a los más de dos millones de viviendas cuyo destino básico se presupone es la utilización turística y que equivalen al dieciséis por ciento del total del parque residencial existente.
Y aunque ya a principios de los anos setenta -y por iniciativa de un arquitecto, Javier Carvajal Ferrer- la Dirección General de Promoción del Turismo pasó a ser Dirección General de Ordenación del Turismo, su efímera existencia como tal no llegó a traducirse en un planeamiento integral del desarrollo turístico, referido a regiones naturales coherentes, con un adecuado enfoque territorial y urbanístico de orden supramunicipal. En consecuencia, aquél se ha seguido caracterizando, en lo territorial, por ser desequilibrado y, en lo urbanístico, por la escasez de modelos propios y el predominio de simples traslaciones a las áreas turísticas de modelos tomados de la ciudad industrial, cuando no por la ausencia de un ordenamiento adecuado o por los déficits crónicos de infraestructuras.
Ocurre en las áreas naturales con atractivos turísticos, que por el simple hecho de tenerlos, provocan en nuestra sociedad contemporánea de movilidad creciente la expansiva afluencia de visitantes, quienes con su sola presencia hacen que el atractivo natural original desaparezca. Así, por ejemplo, difícilmente puede mantener su atractivo una playa cuando el ratio superficie de arena por persona apenas alcanza el medio metro cuadrado.
Es posible que los escenarios futuros de las formas de vida predominantes confirmen la tendencia al escalonamiento de las vacaciones en pequeños períodos, lo cual suavizaría situaciones actuales de saturación extremada. No obstante, parece una necesidad probable -si se quiere mantener la capacidad de atracción y la rentabilidad de aquellas áreas que originalmente la tuvieron sólo en base a sus recursos naturales- el complementar éstos con otros artificiales, basados en la calidad ambiental del medio urbano turístico y en nuevos e importantes equipos y servicios, específicamente turístico-recreativos, orientados a un consumo de masas bien pensado. Campo de actuación éste en el que la iniciativa privada ha reaccionado antes que el sector público, traduciendo la evolución parcial de una economía del turismo planteada desde la producción, a otra de carácter mercantil y fundada en la oferta de servicios.
Y, en última instancia, cabe además, considerar la posibilidad de aplicar medidas conservacionistas de planeamiento que, indirectamente, limiten el número de visitantes o residentes que pudieran concentrarse en ciertas zonas saturadas, evitando así tener que recurrir a controles más violentos, ya ensayados por cierto con escasa fortuna, en singulares focos de atracción turística, tales como la ciudad de Venecia.
Otro escenario probable, en particular en zonas de clima benigno, nos muestra los desarrollos urbanos turísticos, de uso estacional predominante hasta el momento, como lugares de residencia permanente de una parte relevante de la población española jubilada, que se sumará a la población de retirados extranjera ya establecida, cuyas demandas de equipos y servicios, obviamente serán muy diferentes de las que actualmente plantea esa misma población como "veraneante".
Nuestro litoral acusa, por otra parte, la degradación de áreas originalmente de gran atractivo, cuya regeneración es necesaria desde el punto de vista medio-ambiental o estrictamente urbanístico, y viable desde el punto de vista económico-financiero, pues gran parte de la infraestructura hotelera y una significativa del parque residencial acusan un cierto envejecimiento, y el tiempo transcurrido desde que se acometieron las "primeras generaciones" de desarrollos turísticos permite ya haber amortizado una proporción importante de las inversiones realizadas.
Como conclusión, sin pretender agotar el tema, que queda abierto a otros enfoques referidos en especial al turismo interior y las áreas de montaña, o a la propia actividad turística en el marco de la ciudad industrial y su entorno, se deduce del contenido de este número la oportunidad de abordar un posible replanteamiento del urbanismo en áreas turísticas, para el que sugerimos tres enfoques prepositivos:
- Redefinir el reparto espacial o modelo territorial más adecuado del consumo turístico, desde una perspectiva regional, de óptima rentabilización de las inversiones realizadas y salvaguarda de zonas vírgenes no modificadas de elevado interés natural.
- Acometer sin dilación un nuevo tipo de intervenciones urbanísticas conducentes a la regeneración / transformación de asentamientos turísticos degradados y obsoletos, atendiendo a los futuros escenarios socio-eq<:mómicos.
- Emprender acciones promotoras de nuevos espacios turísticos con carácter selectivo y criterios de crecimiento cualitativo, donde implantar nuevos modelos urbanísticos específicamente adaptados.
Finalmente, queremos hacer mención de las innovaciones introducidas en el diseño de la revista para este su segundo año de publicación, como respuesta a sugerencias recibidas y como resultado de la pequeña experiencia acumulada y de nuestro deseo de hacer una revista más atrayente para el lector.


















